Cómo trabajamos: etapas, tiempos y lo que se espera de cada parte

Antes de arrancar cualquier proceso en un club de barrio o en un programa de mentoría, conviene saber qué pasa primero, quién decide y hasta dónde llega cada etapa. Acá se detalla el orden de trabajo, los plazos habituales y las condiciones que hacen falta para sostenerlo en el tiempo.

Brian Tidy process

Cómo avanza un proceso formativo, etapa por etapa

Los tiempos varían según la institución, la cantidad de categorías y la disponibilidad de los formadores. Lo que no cambia es el orden: sin diagnóstico previo no hay plan de trabajo posible.

Marzo: diagnóstico y convocatoria

Se relevan los chicos que ya participan, se abre la inscripción en el barrio y se conversa con las familias sobre horarios, traslados y expectativas. En paralelo se revisa qué formadores están disponibles y con qué categorías conviene arrancar. Sin este paso, cualquier plan posterior queda descolgado de la realidad del club.

Abril a junio: armado de grupos y rutina semanal

Se definen categorías por edad, se fijan dos o tres entrenamientos por semana y se acuerda con las escuelas del barrio que las prácticas no se superpongan con horarios de clase. Los mentores empiezan a registrar asistencia, avances y situaciones que requieren derivación. Es la etapa más pesada en logística y la que más consultas genera.

Julio: corte de mitad de año

Se revisan planillas, se evalúa si algún chico quedó afuera por problemas de traslado o de horario y se ajustan los grupos. También es el momento de hablar con los docentes sobre cómo viene cada pibe en la escuela, porque el deporte formativo no puede ir por un carril separado de lo educativo.

Agosto a octubre: torneos intercolegiales y capacitación docente

Arranca el calendario de competencias entre escuelas y clubes, con reglamentos acordados y árbitros designados. En simultáneo se dictan talleres de capacitación para formadores: primeros auxilios, manejo de grupo y protocolos ante conflictos entre delegaciones. La competencia se usa como herramienta, no como fin.

Noviembre: cierre, informes y continuidad

Se entrega a cada familia un resumen del año con asistencia, participación y observaciones del mentor. Se define qué chicos continúan, cuáles necesitan otro tipo de acompañamiento y qué formadores siguen el año siguiente. El cierre no es una fiesta: es una reunión de trabajo con papeles sobre la mesa.

Diciembre a febrero: receso activo

No se entrena con la intensidad del año, pero el vínculo no se corta. Se mantienen encuentros recreativos, se acompaña la inscripción escolar y se preparan los materiales del ciclo siguiente. Los chicos que desaparecen en el verano suelen ser los que más necesitan que alguien los llame en febrero.

Dudas sobre plazos, cupos o derivaciones: consultas frecuentes o escribinos directamente.

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